EMIRES DE CORDOBA DE SANGRE NAVARRA

Las montañas de Navarra han sido siempre lugar de refugio y de seguridad para las tribus vasconas que en ellas habitaban. En su expansión a las llanuras y riberas donde se encontraban las tierras más fértiles, es donde se producían los contactos amistosos o bélicos, con otros pueblos que anhelaban los mismos terrenos.

Fue durante uno de estos enfrentamientos bélicos entre vascones y visigodos, el momento que aprovecharon las tropas musulmanas encabezadas por Tarik para desembarcar en la bahía de Algeciras en el año 711.

A partir de este momento la relación de los reyes del reino de Pamplona con los poderosos emires de Córdoba variarán continuamente a lo largo de su estancia en la península ibérica pasando por estados de amistad, sometimiento o confrontación.

El considerado primer rey de Pamplona, Iñigo Arista compartió madre con el líder musulmán de los Banu Qasi, Musa Ibn Musa en tiempos en los que se necesitaron mutuamente para defenderse de las dos grandes potencias del momento, el Califato de Córdoba por el sur y el imperio de Carlo Magno por el norte. Para más detalles de la historia de estos dos hermanastros….

El caso es que a lo largo de los próximos años, entre pactos, pagos, raptos o enamoramientos, son unas cuantas mujeres vasconas las que formaron parte de los harenes de los califas cordobeses y que dieron luz a preeminentes musulmanes.

El hijo de Mohamed I se casó con la vascona Ushar, que concibió al futuro Abdalá I, que se casó a su vez con la navarrica Iñiga u Onneca Fortúnez, conocida por Durr (Perla), hija de Fortún Garcés, rey de Pamplona, cedida a Córdoba en calidad de rehén. Abderramán III nieto de Onneca Fortúnez. Alhakén II era hijo de la vascona Maryam, y a su vez tuvo por favorita a otra vascona, Subh, madre de Hisham II. La vascona Abda (antes Urraca Sánchez, hija de Sancho Garcés II de Pamplona) fue esposa de Almanzor y madre de Abderramán, un niño de ojos azules y pelo rubio al que llamaban Sanchuelo. Algunos de estos emires cordobeses de madres navarras llegaban a teñirse el pelo de negro.

Datos recogidos del libro del escritor Juan Eslava Galán, «La reconquista contada para escépticos»

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